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En el sexo, ellas se aburren primero


(Imagen: El Confidencial)


Siempre se ha dicho que el deseo sexual de las mujeres casadas o en convivencia es mucho menor al de los hombres con el mismo estado civil. Por mucho tiempo la gente ha pensado que esto se debe a que ellas simplemente tienen baja libido, un estereotipo afianzado por comedias, películas y chistes populares que las muestran sacando excusas al estilo ‘esta noche no’ o ‘tengo dolor de cabeza’, para negarse a los encuentros sexuales con su pareja. Un reciente estudio en Gran Bretaña demuestra que el problema no es de apetito sexual, sino de aburrimiento. Las mujeres se aburren de sus maridos más pronto que ellos.

Científicos de la Universidad de Southhampton, Inglaterra, hicieron el trabajo con una muestra de más de 11.000 participantes y encontraron que la falta de interés en el sexo creció entre las mujeres con una relación por más de un año. Hasta ahí no hay ninguna novedad. Lo interesante es que las que habían tenido pareja estable entre 1 y 5 años fueron 45 por ciento más propensas a haber perdido el interés sexual que las primeras.

Lo anterior llevó a los científicos a concluir que las mujeres al cabo de un año pierden el interés sexual en su media naranja mucho más rápido que los hombres, pues apenas 15 por ciento de ellos tuvo ese bajonazo. Mientras más antigua la relación, mayor pérdida. En una pareja de entre 5 y 15 años, ellas fueron 137 por ciento más propensas a perder la pasión por su esposo.

Trabajos previos habían observado algo similar. La sexóloga Esther Perel, autora del libro Mating in Captivity, señala que los hombres permanecen por más tiempo atraídos a su pareja sexualmente y que su distanciamiento se produce más lentamente, mientras que el interés de las mujeres “se pierde en muy poco tiempo y de forma precipitada”. La psicóloga Marta Meana, de la Universidad de Nevada en Las Vegas, encontró en uno de sus estudios que el deseo disminuyó entre 19 mujeres casadas. Según el sexólogo José Alonso Peña, los hombres también pierden el interés, pero el fenómeno es más frecuente en las mujeres. “Además, ellas lo expresan más y lo aceptan, mientras que para ellos es más difícil admitirlo por el tema del machismo”, dice.

Para muchas de ellas, el hecho de formalizar la relación detona el fenómeno. El matrimonio o la convivencia facilitan tener un compañero sexual, y eso, sumado a la familiaridad, conduce a relaciones sexuales menos creativas e interesantes. “Todo indica que en ellas el deseo está controlado por la novedad y la excitación y por esa fantasía de que un extraño crea que son sexis”, dice Meana. Con ella coincide Peña, quien señala que en la mujer la excitación proviene más de cosas que pasan antes del sexo como el juego previo, el romanticismo, y en las relaciones estables estas empiezan a disminuir en frecuencia e intensidad. Dice que para que una mujer alcance un estado de excitación se requiere de 20 minutos mientras que para el hombre apenas 2 segundos. “En la cotidianidad la pareja le da prioridad a otras cosas como el proyecto de vida, los planes económicos, viajes, los hijos, que si bien fortalecen la relación, pueden provocar que el sexo pase a un ámbito diferente”.

De hecho, el estudio de Southampton mostró que ser madre es un matapasiones. En parejas con hijos 50 por ciento de las mujeres estaban infelices con su vida sexual, mucho más que las que no los tienen. Los investigadores señalaron que esto se debe a que ellas sienten dolor durante el coito después del parto o están demasiado agotadas para tener relaciones en medio de la crianza de un recién nacido.

Perel ofrece otra perspectiva. Los hombres, dice la sexóloga, son más generosos en las relaciones comprometidas y viven pendientes de qué tan excitada está su pareja y cómo lograr darle más placer, a tal punto que la calidad de su experiencia depende en gran medida de lo que ella experimente. Por el contrario, la sexualidad femenina tiene un elemento narcisista. Mientras ellos quieren satisfacer a su pareja, a ellas las motiva sentirse deseadas. Como lo dice Meana, “les excita estar excitadas y eso muestra lo narcisista que es el deseo femenino”. En ese sentido la sexualidad femenina es lo opuesto a lo que vive en su mundo social donde debe estar pendiente de las necesidades de los demás. Para estar a tono con su deseo necesita estar concentrada en su placer y su sensación y esto le exige no pensar en otros.

Muchas de estas mujeres creen tener un desorden conocido como trastorno de deseo sexual hipoactivo. El periodista

Daniel Bergner, autor del libro What Women Want, encontró que las clasificadas con este diagnóstico no están enfermas ni tienen problemas fisiológicos. “Su problema es la monogamia”, dice. Bergner cita el trabajo de Dieterich Klusman, un psicólogo de la Universidad de Hamburgo, Alemania, que observó que las parejas en relaciones recientes tienen el mismo nivel de deseo, pero las mujeres que llevaban con sus parejas entre 1 y 4 años de convivencia el deseo empieza a descender continuamente mientras el de los hombres se mantiene alto. “Por mucho tiempo se creyó que las mujeres tenían menos deseo y un menor interés en el sexo, pero no es que las mujeres se interesen menos en el sexo que pueden tener. Pongan a esa mujer con una nueva persona, en una nueva historia y no necesitara de otras historias”, dice Perel. En efecto, numerosos estudios han encontrado que las mujeres se excitan más con las fantasías sexuales con extraños.

Esa falta de deseo no significa que ellas tengan más riesgo de caer en la infidelidad. Aunque Bergner señala como un hecho que ellas, como los hombres, no están programadas biológicamente para la monogamia, por razones culturales las mujeres prefieren limitar sus encuentros sexuales. “Es mucho más aceptado para una mujer no estar interesada en el tema. Ella tiene el permiso de no querer”, señala Perel.

La pregunta del millón es qué hacer. Lo primero es que los hombres no caigan en el estereotipo y asuman que la falta de interés tiene que ver con su edad o con la idea de que todas las mujeres tienen baja libido. Y ellas también tienen una responsabilidad. Para muchas es fácil aceptar una sexualidad mediocre, y aunque Peña señala que el interés en el sexo no debe ser un mandato, también recomienda no dejar que pase a un segundo plano. Su sugerencia es volver a la conquista. “Yo la llamo la seducción después de la seducción y consiste en conquistarse mutuamente a pesar de vivir juntos”. Teniendo en cuenta que la novedad es la llama que enciende la pasión, las parejas deben generar contextos diversos e historias que le permitan a ella sentirse en un rol diferente. “Se vale probar todo, siempre y cuando esté en la dinámica del consenso y del autocuidado. Es bueno estar experimentando”, dice. Muchos se quejan de que las cosas que pasaban al principio ya no suceden. Así como la relación afectiva, la sexualidad requiere de trabajo y es necesario que las parejas hablen y compartan lo que quieren y lo que no. Suena muy poco sexi, pero es la verdad.

Fuente: semana

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